ESTHER SELIGSON

A los pies de un Buda sonriente
 

 

 

 

Porque ¿qué otra cosa me sería más inútil
en definitiva que una vida consolada?”

R.M. Rilke

“Supe todo sin querer. Y
sin tocar.”

Pura López Colomé, Crisálida

 

I

 

Bajé del risco

a la caleta porque la ola

se extendía sobre la playa

tan lenta tan suave

que tuve sed

de reposo

y me tendí arena

igualmente suave

porosa me dejé lamer

por el agua

"cúbreme" pedí al viento

y cerré los ojos

otros aires tocaron

mi pecho mientras el grito

de las gaviotas surcaba

esternón costillas pelvis

como quien recorre las duelas

de un muelle desierto

desertado desvalido

a fuerza de ya no acostar

ningún barco en él

sensible al rechazo

 

II

 

Bajé del risco

a la caleta

porque la arena era tan blanca

que quise hollarla

bajo mis pies

hundir el cuerpo caracol

perturbar un poco

tanta paz y blancura

con la sombra de mi

sombra

por la ladera descendí

rumbo a la orilla

del mar

encandilada por un sol

de mediodía

pies sueltos manos libres

la espalda tiesa sin embargo

hija de un pueblo duro de cerviz

traía aún demasiado

lastre ajeno ajena

a su carga ancestral

sensible al rechazo

 

III

 

Después no sé

para qué preferí las márgenes

por cuál hendedura

se me fue metiendo

el agua

tempestad a rebato

cómo mantenerse en pie

desapareció la arena

se hundió la playa

mi cuerpo se alargó

madero

y a empezar de nuevo

otra distinta travesía

otro lento asombrado

ascenso con su miedo

vacilante imprevisible

la garganta seca

"abran paso al naúfrago"

hubiese -humilde- debido pedir

más quién si yo gritare me

escucharía...

 

 

IV

 

Pájaro invisible

la tristeza transparenta

sus alas

ay las ceremonias del adiós

la inútil queja por

lo no dicho

una lenta erosión

cada pérdida socava

el suelo bajo los pies

y yo me niego a cubrir

con el polvo del olvido

mis sepulturas

calladamente

risco ladera orilla

donde ponga los pies

caerá la noche

al caer el día

y nada abolirá el espacio

entre las vías del tren nada

salvo la ofrenda póstuma

quizá...

 

 

V

 

A los pies de un Buda

vine a depositar mi querella

sonriente preguntó

"¿y qué más quieres

amén de la preciosa vida?"

no envidié su placidez

simple mortal empecinada

en su búsqueda ciega

qué podía responderle

sólo dejé entre otras miles

mis botas de peregrino

en las faldas del Potala

y me alejé

sin darle la espalda

según pide la tradición

 

"Anda enseña tus vergüenzas"

me dijo la voz

"a qué tanto defenderse"

sediciosa reincidente

remuevo mis rencores

como quien repasa un rosario

rece y rece

al menos a los muertos

los voy dejando en paz

en la paz de su ausencia

y lejanía

sólo doy testimonio

de una congoja sin nombre

y sin edad

 

A los pies del Buda

me postré entre los devotos

inmersos en el olor a cebo

y a pabilo chamuscado

giramos

con el molinillo de plegarias

en la mano siete veces siete

hasta fundirnos

en el áura ígnea

de la muchedumbre

ebriedad de asombros

 

pero había que volver

pude haberme quedado

lo sé

siempre he sabido

que retornar no es preciso

perentorio

todo es encrucijada

travesía

 

Que mis pies me lleven

dije al lugar que amo

sin saber muy bien

dónde encontrarlo

ni para qué

sin embargo llegué

señales en un mundo de señales

somos vaivén perpetuo

cercanía y ausencia

signos espejos ensueño

a los pies de un Buda sonriente...